
Todo esto ha permitido que, tras las recientes reformas, se haya podido reutilizar para uso y disfrute del viajero.
Su terraza -mirador acristalado- es uno de los lugares más atrayentes de la mansión. Ver caer la luz sobre la campiña y las ruinas de Median Azahara es un ejercicio de contrición, o de júbilo. Todo se envuelve, ciudad, pequeños pueblos y cortijos bajo un pátina común del ocaso.
Los días invernales son especialmente placenteros en las 29 habitaciones , y una sugerente piscina hace los deleites en las jornada diurnas estivales ya que al anochecer en estos lares, la temperatura refresca notablemente.
Sus accesos son cómodos, y en pocos minutos se llega a la estación del AVE, sin tener que cruzar la ciudad.
El color del hotel destaca en el marco natural y preservado que lo rodea. Jardines y bosques a un paso de todo, pero por encima de todo.